- Queremos que todo cambie, en política, tras las últimas elecciones y el cambio de régimen, hasta que los cambios alcanzan nuestro ámbito, nuestra experiencia, nuestros recuerdos inmediatos. Y es que, entonces, no todo estaba mal
Emiliano Monge - El País
Hace poco más de un siglo, en el verano de 1908, Marcel Proust comenzó la redacción de un texto que no pretendía ser otra cosa que una respuesta a las ideas de Sainte Beuve, quien afirmaba que la obra de un escritor era el reflejo irremediable de su propia existencia.
En el camino, aquel escrito, que tras unas cuantas páginas tropezaría con una magdalena de mantequilla y ralladura de limón, reconfiguraría el entendimiento que tenemos de nuestros recuerdos —adelantándose a la neurociencia, que décadas después confirmaría muchas de las intuiciones del escritor francés— y se convertiría en una de las novelas más ambiciosas, paradigmáticas y radicales de la literatura moderna: En busca del tiempo perdido.
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