Antonio Navalón - El Financiero
La verdad pura y dura, esa que rige al país y que nos da nuestra lección moral, nuestro evangelio y la corrupción nuestra de cada día, se comparte diariamente a las siete de la mañana en el Salón de la Tesorería. En su pasado fue testigo mudo de innumerables banquetes del Estado mexicano, actualmente es el escenario de un espectáculo absolutamente inusual en cualquier parte del mundo: un presidente afronta todos los días ser él el principio y el fin de la administración de un país.
La incorporación de dichos populares mexicanos en sus discursos como “me canso ganso” o pronunciando frases como “el pueblo se cansa de tanta pinche transa” es, sin duda alguna, una manera muy especial que tiene el presidente López Obrador de transmitir y conectar con lo que más le importa, que es su base. Tenemos claro quién manda, aunque seguimos sin saber quién gobierna.
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