Enrique Quintana - El Financiero
En pocas ocasiones en la historia económica del país había existido un contraste tan grande entre percepción y realidad.
La semana pasada le referí en este espacio que el índice de confianza del consumidor llegó en el mes de enero a su nivel más elevado en casi 18 años.
La lógica diría que, ante esa circunstancia, el consumo se habría ido para arriba gracias al optimismo de la gente.
Pues no. Una primera aproximación a los todavía escasos datos de enero revela una economía en la que las compras se han contenido y la actividad económica se ha desacelerado considerablemente.
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