sábado, 24 de octubre de 2026

La República en el tiempo de mujeres

Salvador García Soto - Serpientes y Escaleras

El choque verbal y mediático que sostuvieron ayer la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, es un hecho inédito en la historia de esta República presidencialista. Las fuertes revelaciones que hizo primero la mandataria panista y que de inmediato fueron respondidas públicamente por la Jefa del Estado mexicano van más allá de un choque de poderes ambos republicanos, y constituye un acto que lastima duramente a las dos gobernantes. La de Chihuahua, que fue acusada por la Presidenta de estar involucrada en el narcotráfico, acusó primero a la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, de “trabajar para el crimen organizado” en la Sierra Tarahumara de su estado.

Y en medio de gritos y duros reclamos que las dos reconocieron haberse hecho en una lúgubre sala del Aeropuerto Internacional de Ciudad Juárez, la doctora sale lastimada en su investidura presidencial al permitir que una gobernadora le gritara de esa forma y la “regañara”, según declaró la gobernadora en varias entrevistas. Pero también la mandataria chihuahuense queda mal parada al haber traicionado la secrecía de su acalorada discusión con la Presidenta, porque si violó la confidencialidad de un encuentro presidencial de manera tan pública y abierta, ningún otro político debería confiar en su institucionalidad.

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