viernes, 23 de octubre de 2026

Un buque rebosante de diésel zarpa de Rusia para cruzar Europa, atracar en Nueva York y calmar la sed de combustible de EEUU

  • El Agioi Fanendes, con bandera de Malta, navega con 40.000 toneladas a bordo
  • Moscú enviará de inmediato 300.000 toneladas a EEUU y después 1,5 millones
  • Los expertos dudan de que estas exportaciones rusas tengan un gran impacto

Vista frontal de un buque cisterna. Foto: Alamy

Vicente Nieves - Mario Becedas - elEconomista.es

La crisis energética global está dejando imágenes que quedarán para la historia, aunque el trasfondo sea más simbólico que otra cosa. Si se atiende solo a los hechos puntuales ocurridos esta semana, se podría decir que Rusia ha salido al rescate de EEUU. Un petrolero rebosante de diésel ruso ha zarpado rumbo a EEUU en un movimiento de enorme simbolismo político y económico que refleja hasta qué punto se ha deteriorado el mercado internacional de productos refinados. EEUU, el mayor productor de petróleo del mundo, es incapaz de producir suficiente diésel para mantener a raya los precios dentro del país. La crisis es global. La capacidad de refino mundial se ha reducido en los últimos meses entre dos y cuatro millones de barriles (paradójicamente, Rusia es uno de los países más dañados por los ataques ucranianos contra refinerías rusas), lo que está disparando el precio de los combustibles. Ahora, EEUU, país que ha ayudado a Ucrania en su guerra contra Rusia, pide ayuda a Moscú para solventar un problema que el propio EEUU ha agravado con la guerra contra Irán. El mundo está loco.

Washington, que durante años ha tratado de aislar energéticamente a Moscú mediante sanciones, se dispone ahora a recibir combustible procedente de Rusia después del acuerdo alcanzado entre Donald Trump y Vladímir Putin. Según informa Reuters a partir de los datos de seguimiento marítimo de LSEG, el buque Agioi Fanendes, de bandera maltesa, cargó el pasado 22 de octubre unas 40.000 toneladas de diésel ultrabajo en azufre en el puerto ruso de Primorsk, en el mar Báltico, y navega hacia Nueva York, donde está prevista su llegada el próximo 7 de noviembre. Se trata de una operación especialmente significativa por producirse en plena guerra energética, cuando la escasez de combustibles refinados amenaza con convertirse en uno de los principales problemas de la economía mundial. Aunque el impacto apenas se notará en los mercados de diésel.

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