Julio Faesler - El Siglo de Torreón
A la memoria de Emilio Carrillo Gamboa
Estamos en el otoño del gobierno. Terminó el confuso verano. Aún no empieza un crudo invierno. No hay rumbo. Ni para el ambicioso partido en el poder que no ha podido con el complejo paquete de un México al que todo prometió sin más sustento que un discurso de odio social. El escenario está a oscuras. Sólo el parpadeo de estadísticas que se estrellan contra las realidades. Y cada día hay más pobres subsidiados por una tesorería en quiebra.
Viene el día de Todos Santos con las sardónicas muecas de calacas festivas que tiñen alegría al fúnebre paso de la acosada Cuatroté. Llegará el invierno de intensos preparativos para la gran gesta electoral del año 27.
No todo se mueve en tinieblas. Puede despuntar una repentina primavera. Pueden aparecer personalidades que todos esperan portando las brillantes chispas que como sucedió hace años, enciendan el ánimo nacional hasta ahora aparentemente dormido. Se daría un espléndido renacimiento de aquel vigor patrio que enderezó las perspectivas del país antes de que las sofocara la primitiva jornada de Morena que aún no termina.
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