Carlos Ramírez - El Independiente
Como en Shakespeare, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo descubrió que en materia de salud algo estaba podrido en Dinamarca durante el sexenio pasado. Por eso su sentencia contundente: “lo veo yo”.
Desde el principio del argumento lopezobradorista se supo con claridad que se trataba justamente de una demagogia barata: el sistema monárquico de Dinamarca dedica casi el 10% de su PIB a la salud y lo financia con un modelo fiscal aceptado por la sociedad y libre de cualquier corrupción; en cambio, el gobierno mexicano sigue dedicando 2% del PIB a salud con el dato de que la Organización Mundial de la Salud –que hoy hospeda nada menos que al desprestigiado subsecretario Hugo López Gatell– recomienda un mínimo de 5% de gasto y la OCDE eleva el límite a 10%.
Pero la demagogia se ha extendido transexenalmente: en medio del discurso festivo de que la política económica presuntamente antineoliberal de la 4T está potenciando los salarios como un motor de la actividad productiva y los está aumentando muy arriba de la inflación, los trabajadores del Seguro Social rechazaron el 2.9% de aumento salarial directo, debajo del 3.7% de inflación anual.

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