Valeria Moy - IMCO
En México revisamos diariamente el tipo de cambio como quien revisa el termómetro de un enfermo. Sin embargo, a pesar de leer la temperatura que este nos indica y tratar de entender las causas, celebramos si el peso mexicano se aprecia y buscamos culpables cuando pierde valor. En estas semanas en las que el dólar ha estado rondando los 18,50 pesos, perdiendo valor el peso después de seis semanas seguidas de ganancias, el ánimo cambió.
La obsesión que se tiene en México por el tipo de cambio tiene raíces profundas y añejas y no es irracional. Durante cuatro décadas, el valor del peso fue una promesa del gobierno. Así como se prometían –y aún prometen– cifras de crecimiento durante las campañas, el valor del peso era una variable a determinar y cada vez que la realidad cambiaria se imponía, aparecía una crisis.

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