Carlos Loret de Mola - Sonora Presente
El precipicio político al que ha caído Andy López Beltrán es un raro triunfo de la sociedad mexicana frente al gobierno autoritario. Nos hemos acostumbrado a que los morenistas que cometen delitos siempre salen impunes de la acción de la justicia y nunca pagan costos electorales por sus tropelías. No hay escándalo que les pegue ni a ellos ni a su partido. Frente a esta abrumadora impunidad judicial y política, lo de Andy representa una luz de esperanza de que no todo está perdido para un México que se niega a ceder en los ideales de honestidad y democracia.
Hace apenas tres años, Andy López Beltrán era el ungido para ser el candidato presidencial de Morena en el 2030. El plan de su padre, el presidente López Obrador, era Claudia primero y Andy después. Se presentaba como el privilegiado interlocutor del gobierno de su papá ante grandes empresarios y autoridades extranjeras. Recorría el país operando y había logrado colocar a sus amigos en puestos clave desde donde repartía contratos y presupuestos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario