Carlos Ramírez - El Independiente
Cuando la realidad se convierte en escenario de los juegos de las disputas políticas, los protagonistas deben tener la cabeza fría para evitar victorias que sean derrotas. El descubrimiento de la consejera jurídica de la Presidencia sobre la existencia de la “red de amplificación digital” fue certera, pero su utilización política resultó fallida.
La realidad se encarga de poner las cosas en su lugar. El caso de la visa cancelada de Andrés Manuel López Beltrán fue un ejemplo de la confusión de fines y medios: la información se potenció de manera negativa en la “red de amplificación digital”, porque los responsables de la respuesta cayeron en el espacio del territorio mediático que antes López Obrador tenía bajo control y que después –y más ahora– perdieron por las disidencias cibernéticas donde los mensajes se autoestimulan como conductas políticas.
El caso de López Beltrán debería ser un laboratorio político no sólo para la academia sino para los responsables de las estrategias de comunicación política en el pomposamente llamado “ecosistema de comunicación digital”. La política práctica en el pasado se movía por redes sociales bajo control de la autoridad central, pero ahora se han enredado los hilos y los mensajes son de quienes los trabajan.

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