domingo, 12 de julio de 2026

Preguntar a la IA lo que ya sabe Google empieza a salir muy caro a todo el mundo

  • Las consultas nimias de empleados disparan el gasto empresarial de tokens



Antonio Lorenzo - Madrid - elEconomista.es  

Preguntar a la Inteligencia Artificial (IA) la hora, conocer los ingredientes del gazpacho o averiguar las veces que aparece la letra "P" en la canción Porrompompero (114 veces) son usos de una tecnología que debería emplearse para fines menos chirriantes. El primer párrafo -y posiblemente todos los siguientes- podría firmarlo Perogrullo o cualquier otro baluarte del sentido común, la gobernanza y hasta la salud pública.

Algo tan sencillo como seguir pidiendo a Google la información a la que nos tenía acostumbrados permitirá reducir los gastos de IA en partidas multimillonarias. Frente a la gratuidad universal del buscador más famoso del mundo, las propuestas de ChatGPT, Anthropic, Gemini o Copilot siempre pasan por caja. Primero apostaron por las suscripciones mensuales y, una vez que los clientes se han convertido en vasallos, se ha impuesto el pago por uso. Ese bufet libre del desayuno del hotel (es decir, las tarifas planas de IA) tiene las horas contadas cuando los comensales habituales son luchadores de sumo. Y eso es lo que está sucediendo con los agentes de IA, prodigio que se frota las manos con el tanto comes, tanto pagas. El mensaje "has llegado al límite de tu uso" se repite con cansina insistencia para, acto seguido, tener que replantearse la conveniencia de actualizar el plan con otro de mayor capacidad o, en su lugar, esperar entre 12 y 24 horas para que se restablezcan automáticamente los límites. Ese incordio ha llegado para formar parte de la rutina de los usuarios de IA.

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