Mario Maldonado - Diario de Chiapas
La camioneta avanzaba con dificultad por el Periférico entre miles de aficionados que se dirigían hacia el Estadio Azteca. Era una Cadillac Escalade negra, con los vidrios polarizados, en la que viajaba Cuauhtémoc Blanco rumbo al partido entre México e Inglaterra. Un grupo de manifestantes rodeó el vehículo y comenzó a cubrirlo con pintura en aerosol. Los jóvenes exigían “Justicia para Samir” y le gritaban “asesino” y comparsa de criminales. La imagen dio la vuelta al país. Uno de los ídolos del futbol mexicano de las últimas décadas volvía al centro del escándalo.
La protesta revivió uno de los capítulos más oscuros de Morelos. Samir Flores, activista y opositor al Proyecto Integral Morelos, fue asesinado en febrero de 2019, apenas unos meses después de que Blanco asumiera la gubernatura. El crimen sigue sin esclarecerse plenamente y este año la absolución del único detenido reactivó la exigencia de investigar a los autores intelectuales. Desde entonces, el nombre de Samir quedó ligado al deterioro institucional y de seguridad que marcó buena parte del sexenio del exfutbolista. Tras los hechos del domingo, Blanco aseguró que él y su familia fueron rodeados y bloqueados cuando se dirigían al estadio. Denunció actos de intimidación, afirmó que su esposa fue agredida mientras grababa con su teléfono celular lo ocurrido y sostuvo que la protesta puso en riesgo a quienes viajaban en la camioneta.

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