Por: Arturo Damm Arnal - La Razón de México
Trump, mercantilista y proteccionista, a favor del nacionalismo económico, es quien ha llevado la voz cantante en lo relacionado con el T-MEC y el gobierno mexicano, en términos generales, ha bailado al son que le toca.
Las cosas como son: Trump ha sido proactivo y el gobierno mexicano reactivo. Primer resultado: ciertos sectores de la economía estadounidense pueden salir ganando, ciertos sectores de la economía mexicana pueden salir perdiendo. Segundo: los consumidores estadounidenses y mexicanos saldrán, en general, perdiendo.
Con relación al T-MEC, según lo establecido en el mismo tratado, había, a partir del 1 de julio pasado, tres posibilidades. Primera: extenderlo, en los términos vigentes hasta el 30 de junio, por 16 años más, hasta el 30 de junio de 2042, para lo cual se necesitaba el voto a favor de los tres gobiernos. Segunda: no extenderlo por 16 años más, para lo cual bastaba que uno de los tres gobiernos votara en contra de la prórroga, lo que suponía, según lo previsto en el mismo tratado, que el T-MEC llagaría a su fin el 30 de junio de 2036, con revisiones anuales (ojo: revisiones, no renegociaciones). Tercera: que alguno de los gobiernos decidiera, unilateralmente, salirse del tratado.
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