- Trump tiene el T-MEC por el mango al no renovarlo sin desecharlo y exhibe la incapacidad de tricolores, albiazules y guindas de entender el alcance y el límite del acuerdo.
René Delgado - El Financiero
Sobreaviso
Desde el inicio del trumpismo estaba claro. La política arancelaria y proteccionista sería palanca para alcanzar objetivos múltiples, no sólo comerciales. No había ningún secreto. Por lo mismo, se requería de una estrategia eficaz si no para contener, sí para atemperar lo sucedido el miércoles pasado y ésta no era responsabilidad exclusiva de la Secretaría de Economía, sino del gobierno en su conjunto.
Ahora, el doble juego de la administración estadounidense ante el T-MEC –no renovarlo, pero tampoco desecharlo– posibilita a Trump presumir a su base el encaramiento de un acuerdo supuestamente nocivo para Estados Unidos y, a la vez, no inquietar de más al empresariado de aquel país consciente de su importancia e interesado en sostenerlo y extenderlo.
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