Por Ioan Grillo - The New York Times
Grillo es colaborador de la sección de Opinión y aficionado al fútbol que cubre temas relacionados con el crimen organizado en Latinoamérica. Escribió desde Ciudad de México.
En Ciudad de México solo habrá cinco partidos del Mundial, pero no te darías cuenta de eso si paseas por sus calles, repletas de parafernalia futbolística. Pareciera que todo el mundo lleva una camiseta verde de la selección de México, gracias a los vendedores ambulantes que ofrecen mercancía sin licencia por precios de hasta apenas 15 dólares, para gran disgusto de la FIFA, cuyas camisetas oficiales pueden costar más de 100 dólares. Los días de partido, los aficionados invaden las principales avenidas de la ciudad, convierten las calles en pistas de baile, rocían enormes cantidades de espuma y se avientan unos a otros por el aire.
“El Tri”, como se conoce a la selección mexicana de fútbol, ha tenido una racha histórica este año: han ganado cuatro partidos seguidos sin recibir ni un solo gol en contra, una racha que se pondrá a prueba el domingo por la noche contra Inglaterra, de donde soy yo, en el último partido que se celebrará en el estadio Azteca en Ciudad de México. La triunfal actuación de la selección ha unido a millones de aficionados en un momento político tenso para México, en medio de una creciente violencia, polarización política y una campaña de presión contra los cárteles por parte de Estados Unidos, uno de los otros anfitriones del Mundial. Incluso la violencia relacionada con los cárteles ha tenido una tregua durante el torneo.

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