domingo, 10 de mayo de 2026

Si el trabajo no es digno, la vida tampoco puede serlo

Por: Jaime Cervantes Covarrubias - El Economista

“El futuro del trabajo es humanista o no será digno ni próspero”

Trabajo digno, ahí empieza esta reflexión. No en la nómina, no en la fábrica, no en la oficina, no en el contrato, no en la junta de consejo, no en el discurso político, no en la promesa empresarial ni en la estadística fría.

Empieza en el cuerpo y mente cansados de quien se levanta antes del amanecer para sostener una casa. Empieza en la madre que trabaja, cuida, limpia, administra, contiene y todavía se pregunta si está haciendo suficiente. Empieza en el padre que provee con miedo, calla su ansiedad y envejece sin aprender a descansar. Empieza en la persona joven que entra al mercado laboral con estudios, deuda emocional, presión digital y una promesa rota de movilidad social. Empieza en la persona que se jubila sin júbilo y pierde su identidad con depresión. Empieza en la trabajadora del hogar, en el repartidor, en la enfermera, en el obrero, en la médica, en la maestra, en el comerciante, en la ejecutiva, en quien emprende y en quien obedece diciendo “mande usted”, como si la cortesía mexicana debiera seguir cargando una memoria simbólica de servilismo.

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