Jesús Silva Hérzog - El Siglo de Torreón
El populismo se gesta en una impotencia. Los canales tradicionales no sirven para hacerse
oír. Las escaleras de ascenso están
bloqueadas; los derechos que se proclaman con toda solemnidad, se niegan cotidianamente. El ciudadano
no se encuentra en su representación. No es visto ni atendido. La política real niega rutinariamente a la
mayoría. Podrá reconocer al ciudadano en el momento de votar, pero lo
ignora, lo desprecia y lo maltrata al
día siguiente. Ese régimen democrático que ofrece inclusión, excluye;
esa política que promete atención,
resulta impenetrable. Los rituales de
la política producen así una sensación de defraudación: hay votos, hay
cambios de gobierno, hay alternancia... y poco cambia. Los mismos hacen lo mismo. Es la ausencia de alternativas lo que alimenta el llamado
populista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario