Denise Dresser - El Siglo de Torreón
Hoy el presidente de México tiene 86% de aprobación. Es amado, adorado, idolatrado. Dondequiera que va la gente se agolpa para verlo, se amontona para tocarlo, hace cola para tomarse la "selfie" con él. Se le reconoce. Se le quiere. Se le percibe cercano y humano, austero y sincero. En sus giras peripatéticas es recibido con el mismo frenesí que una celebridad y con y la misma mitificación que un Dios. Su liderazgo trasciende lo legal o lo racional; es emblemáticamente carismático. Se construye día con día pero no a través de las políticas públicas que promueve, sino a partir de las emociones que despierta. Todas las mañanas, AMLO construye un espectáculo político y es magistral.
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