- Mientras Trump pretende elevar muros en la frontera sur con México, quienes la habitan prefieren mirar al otro lado de igual a igual
Jorge Galindo - El País
A finales de 2018, una caravana de migrantes cruzaba el largo hilo de territorio que une a las dos Américas. Muchos sentían que lo que les aguardaba al final del camino era la promesa de un rechazo, personificado en una promesa aún no cumplida: el muro que Donald Trump quiere construir desde el condado de San Diego, en California, hasta Cameron, Texas. Para cumplir esta promesa, el presidente acaba de declarar la emergencia nacional en el conjunto de los Estados Unidos.
Es tan fuerte esa imagen, tan elevado el tono de las propuestas republicanas, que resulta tentador extrapolarlas al conjunto del país. Y, sin embargo, la verdad es que el principal impulso a la restricción a la migración sureña no viene sino del interior (mayoritariamente no latino) de EE UU, que llega a Washington a través de la correa de transmisión presidencial, y desde ahí lanzado a la zona fronteriza. Pero justo esta porción del país, esa franja de más de 2.000 kilómetros, se caracteriza por algo, es por ser latina, votar demócrata, y tener preferencias nítidamente mayoritarias a favor de la inmigración.
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