Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
Mientras las aguas de la política encuentran nuevos cauces, la economía vuelve a advertirnos que por ella misma no tiene por qué cambiar en un sentido favorable para la sociedad y sus capas mayoritarias y más vulnerables. Tampoco, es de esperarse que tal cambio económico vaya a darse de modo automático en consonancia con el portentoso vuelco político que empezó a consumarse en julio pasado.
La política económica cuenta, como cuentan las instituciones del Estado, la producción y la distribución, junto con el dinero y sus múltiples dimensiones hoy convertidas en capital y poder. Qué hacer dentro y con este endemoniado complejo siempre ha sido tarea de políticos y hombres del Estado, hayan sido o no economistas.
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