- Europa debería aprovechar su modelo de convivencia para intentar atraer trabajo, talento e ideas del resto del mundo
Vivimos en una era de estancamiento económico. En la década de los sesenta, el conjunto de economías que ahora forman la eurozona crecían al 6% anual. En lo que llevamos de siglo XXI han crecido al 1%. El bajo crecimiento hace que muchos ciudadanos vean empeorar sus condiciones de vida, erosiona las finanzas de los Estados y provoca que los conflictos distributivos sean más difíciles de canalizar políticamente. No es seguramente casualidad que los países ricos que han logrado crecer más, como Australia o Canadá, hayan sido también los más inmunes a las turbulencias políticas a las que nos hemos acostumbrado en los últimos años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario