- Daniel Ortega y Andrés Manuel López Obrador están dispuestos a aliarse con Dios y el diablo
Juan Jesús Aznarez - El País
Daniel Ortega fue marxista, cristiano de pacotilla y quebrantó los 10 mandamientos de la ley de Dios, pero cuando le convino fraguó una alianza con la curia de Nicaragua, se casó por la Iglesia con su amante, suele rezar en los mítines, y aquí paz y después gloria: votos religiosos y una presidencia de Gobierno casi vitalicia. La fórmula es viable en sociedades políticamente analfabetas e institucionalmente subdesarrolladas. Ese personalismo totalitario tiene fecha de caducidad en México, porque no existe la reelección y, por ende, la acumulación de mandatos.
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