Claudio Ochoa Huerta - Sonora Presente
Era cuestión de tiempo. La presidenta Claudia Sheinbaum sabía desde hace por lo menos ocho meses que Guadalupe Taddei estaba sentada en un tambo repleto de dinamita. El reporte llegó a Palacio Nacional. Entre lo delicado estaba la noticia, desconocida hasta ahora, que uno de los hijos de la consejera presidenta del INE vivía en una casa en la zona del Pedregal, al sur de la Ciudad de México. El dueño era José Alfredo Hernández Casillas, el proveedor amigo y miembro del escándalo, el que puso París a los pies del chamaquito.
Los informes también le indicaban a la presidenta Sheinbaum que Taddei y los suyos estaban desatados en las licitaciones. En las grandes de año electoral, pero también en las más sencillas sobre preparación de cursos y estrategias de comunicación o limpieza, por ejemplo.
La presidenta Sheinbaum supo que Guadalupe Taddei se estaba dejando apapachar por esos proveedores amigos beneficiados. Fiestas en su honor, gusto por las joyas, la ropa fina y los viajes.
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