Jorge Fernández Menéndez - Sonora Presente
Parece que todo el discurso político, escribe el periodista de The New Yorker, Jay Caspian Kang, “se ha vuelto desquiciado e inundado de odio, lleno de provocaciones que una vez habrían sido vergonzantes en la vida pública, esto probablemente se deba a que las redes sociales nos permiten cubrir el anonimato y la distancia física. La mayoría de la gente se comunica digitalmente ahora, por lo que la mayoría de las interacciones están menos mediadas por la vergüenza”. Eso es verdad en la vida cotidiana, pero resulta mucho más evidente en la vida política: ya no hay vergüenza, los actores políticos, sobre todo desde que López Obrador inauguró las épocas del “yo tengo otros datos”, la han perdido. Decía Barack Obama que se podían tener diferentes opiniones, pero no distintos datos, distintos hechos.
La forma en que el senador de Morena, Luis Fernando Salazar, amenazó al periodista Enrique Acevedo entra en estas coordenadas de pérdida de vergüenzas políticas. La presidenta Sheinbaum condenó, con cierto retraso, el viernes, las amenazas del senador a Acevedo. Lo hizo luego de criticar una nota de prensa, como las critica habitualmente, pero agregó que no compartía lo escrito por Salazar “porque la manera en la que se utilizó la red social y las frases que dijo contra este periodista son condenables y no deben pasarse por alto”. El senador Salazar se disculpó, pero no con Acevedo, sino con la Presidenta. Otro eslabón en su condena personal en el camino a la vergüenza.
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