Salvador García Soto - Serpientes y Escaleras
Cuando cruzó caminando la garita de Nogales, Sonora, y entró al estado de Arizona para entregarse a las autoridades de Estados Unidos, el general Gerardo Mérida Sánchez no iba totalmente solo. Cargaba consigo una caja que se convertirá en su salvavidas ante la justicia estadounidense y al mismo tiempo en una pesada losa para su exjefe, el gobernador Rubén Rocha Moya, y para otros altísimos mandos de la 4T a los que aluden y afectan los materiales probatorios que el militar en retiro llevó con él al territorio norteamericano.
La caja del general y exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa contiene videos, memorias USB y documentos que planea entregar al Departamento de Justicia para apuntalar su petición de convertirse en “testigo protegido” o “testigo colaborador” en el juicio por narcotráfico y asociación con Los Chapitos, que ya está abierto en la Corte Sur de Nueva York en contra de Rocha Moya, Enrique Inzunza y otros ocho acusados entre los que está incluido el propio nombre de Mérida Sánchez.
Las pruebas que se fue cargando el general no sólo son en contra de Rocha Moya y sus pactos o acuerdos con los hijos del Chapo. Según información de fuentes cercanas, el militar en retiro también lleva evidencias y documentos sobre cómo fue la orden presidencial fulminante para que el Ejército mexicano soltara a Ovidio Guzmán López, que ya estaba capturado y listo para ser enviado a Estados Unidos, aquel 17 de octubre de 2109 en Culiacán, donde una célula de élite militar lo había logrado detener en una de sus casas de seguridad.
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