Carlos Elizondo - El Siglo de Torreón
Basta ver cómo se nombra a los directores generales de las empresas públicas mexicanas para entender por qué son hoyos negros. Empleados competentes, y en particular que lo sean quienes las dirigen, es la clave para operar eficientemente. En Pemex, el mérito no es la razón central para contratar y promover al personal. Para colmo, salvo contadas excepciones, los directores generales han sido funcionarios públicos cercanos al Presidente en turno que nada o casi nada saben de la industria petrolera.
El jueves en un video Claudia Sheinbaum anunció que ya se cumplió el plazo acordado con Víctor Rodríguez Padilla para ser director general de Pemex, porque desde el principio puso como condición un límite de 18 meses para regresar a la academia. ¿Sabía el Consejo de Administración de Pemex que el nombramiento era limitado, como ahora se reveló?
Haber escogido a un académico sin experiencia operativa para dirigir Pemex fue absurdo. No encuentro en la historia de una petrolera relevante algo similar. Que sea por sólo 18 meses es doblemente absurdo. Justo cuando se podría aprovechar el conocimiento adquirido, se estableció que regresaría a la academia. Bueno, tampoco será así, irá a otro cargo público.
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