Luis Rubio - El Siglo de Torreón
El patrón se repite una y otra vez a lo largo de la historia: la lógica interna domina, al punto de cegar la vista hacia lo importante, a un costo devastador. Barbara Tuchman describe una historia tras otra en la que un gobernante acaba tan ensimismado en asuntos internos -de poder, de ambición o de agenda- que acaba ignorando el contexto en el que opera, llevándolo a perderlo todo. Los papas del Renacimiento se aferraron tanto a la política clientelar de Roma que provocaron el cisma de la Reforma protestante. El rey Jorge III de Inglaterra, sumido en sus batallas provincianas por el control del Parlamento, perdió de vista el potencial impacto de los impuestos sobre su imperio, provocando la independencia de las Trece Colonias. Lyndon Johnson, un político excepcional pero ignorante del mundo internacional, se concentró en su estrategia de bienestar, pero acabó hundido en Vietnam, nación que desconocía y donde encontró su tumba política. En cada caso, dice Tuchman, no faltaron llamadas de alerta para todos evidentes, pero los líderes no pudieron o no quisieron reconocer su trascendencia, acabando colapsados ante un contexto internacional que les era ajeno o al que no comprendían. Parece que México se enfila por esa misma senda.
Las señales de alarma están en todas partes y nadie las puede ignorar. El gobierno americano está en pie de guerra y considera que México está controlado por el crimen organizado y que prácticamente todo el aparato político está sometido a las organizaciones criminales. Su diagnóstico -correcto o no- ha sido publicado en textos y repetido hasta el cansancio por diversas autoridades, comenzando por el presidente Trump. No querer verlo y entenderlo traerá gravísimas consecuencias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario