Julio César Ramírez - El Siglo de Torreón
Desde el anuncio de la presidenta Sheinbaum de abrir la puerta a la extracción de gas no convencional y de presentar un comité técnico-científico para evaluar el uso de fractura hidráulica también conocida como fracking, se multiplican los pronunciamientos de toxicólogos y de asambleas comunitarias que alertan sobre riesgos ambientales y territoriales en las regiones de la Huasteca Potosina, Veracruz y Noreste del país -zonas de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas-, susceptibles de primera afectación. Más de 90 organizaciones de estos tres estados rechazan que el gobierno federal proponga expandir el fracking en la denominada Cuenca de Burgos que abarca una superficie de aproximadamente 50,000 a 73,500 kilómetros cuadrados y se extiende costa afuera hacia la plataforma continental del Golfo de México. Este es un llamado también a los gobernadores Manolo Jiménez, Américo Villarreal y Samuel García -dijeron. El programa de próximas acciones de resistencia prevé el foro titulado "El fracking sustentable no existe" para el 20 de mayo en la Universidad Autónoma Chapingo y una asamblea regional masiva en la Huasteca para el 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente.
El fracking es la técnica que extrae gas y petróleo de formaciones de lutitas mediante la inyección de agua, arena y químicos para fracturar la roca.
Entre los impactos ambientales que deja se encuentra el agotamiento del agua, toda vez que un sólo pozo puede usar entre 8 y 80 millones de litros de agua y hasta 160 millones en casos extremos.
Provoca además erosión y degradación del suelo, en vista de más escurrimientos y sedimentos que deterioran suelos y ecosistemas.
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