Víctor M. Toledo - Periódico La Jornada
En entrega anterior (La Jornada, 28/8/18), dejamos claro cómo la aparición del ambientalismo y su meteórica carrera en los escenarios de los países industriales, y su consagración internacional (1972-92), casi coincidió con la aparición y el despliegue del neoliberalismo, representado por los regímenes de M. Thatcher en Inglaterra (1979-90) y de R. Reagan en Estados Unidos (1981-89). Desde entonces ocurrió una eficaz domesticación y neutralización del ambientalismo, cuyas versiones originales no sólo eran peligrosas para el sistema, sino que ponían en duda buena parte de los principios y valores de la sociedad industrial. En su libro Ecología y poder (2004) que analiza ese fenómeno, la socióloga española Beatriz Santamarina asienta: “Si los primeros informes analizados suponían una dura crítica contra la ideología dominante del crecimiento económico, poniendo en jaque a las teorías de la modernización y del desarrollo industrial tan en boga en los 60, el Informe Brundtland supone el triunfo enmascarado de una nueva era neoliberal.
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