- Es un mal programa y una mala política, que empeorará cuando los votantes conozcan mejor los datos
Paul Krugman - El País
Viendo las reacciones a los planes tributarios republicanos, recordé lo que se decía del exsenador Phil Gramm, cuyas ambiciones presidenciales nunca llegaron a ninguna parte, pero que sí ayudó a causar la crisis financiera de 2008: “No gusta ni siquiera a sus amigos”.
Lo mismo ocurre con la reforma tributaria republicana, en especial la versión presentada en el Senado, que subirá los impuestos a la mayoría de los ciudadanos, en especial a la clase media y a los trabajadores, y sumará unos 13 millones de estadounidenses a las filas de personas sin seguro médico, todo para pagar las grandes rebajas en el impuesto de sociedades. La opinión pública en general las desaprueba categóricamente, por mayoría de 2 a 1, según Quinnipiac, aunque esta mayoría sería aún más amplia si los ciudadanos entendiesen realmente lo que ocurre. Pero sin duda, al menos a los consejeros delegados de grandes empresas les gusta el plan, ¿no?
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