- La protesta contra la presidenta en São Paulo es la más multitudinaria de la democracia
Antonio Jiménez Barca /
São Paulo / El País
En el vestíbulo de la estación del metro Faria Lima, en São Paulo, al
lado de la ventanilla de los billetes, una señora de unos 50 años
vestida con la camiseta amarilla de la selección brasileña enarbola un
cartel en el que arremete contra la corrupción de Petrobras, la marcha de la economía y, sobre todo, contra la —a su juicio— culpable de todo, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.
No dice nada. No grita nada. Ni siquiera se mueve hacia el andén. Solo
muestra el cartel. Un hombre de la misma edad vestido con ropas más
pobres, de una clase social más baja, se dirige a ella y le dice: “Dilma
no se va a ir porque ella no robó”.
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