Hay que dotar a la globalización de un marco institucional de gobernanza
La paulatina desintegración del orden político internacional imperante
en el mundo desde la II Guerra Mundial es ya un hecho incontestable.
Ante su declive relativo, Estados Unidos, la potencia hegemónica de las
últimas décadas y principal valedor del orden multilateral, está cada
vez menos dispuesto a involucrarse en las crisis internacionales y a
garantizar la seguridad. Consciente de que los imperios suelen
derrumbarse cuando tienen demasiados frentes abiertos, se ha negado a
seguir siendo el policía del mundo, dejando importantes lagunas que
están siendo cubiertas bien por otras potencias, bien por el caos. La
crisis de Ucrania, el territorio controlado por el Estado Islámico en
Irak y Siria, o las tensiones en el mar de China son solo algunos de los
ejemplos más recientes.
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