Samuel García - El Sol de México
Las elecciones intermedias en Estados Unidos pueden convertirse en un factor adicional de presión para el crecimiento y las finanzas públicas del país.
A 82 días de los comicios, México llega con la economía más débil desde la pandemia y con poco margen para absorber una negociación larga, incierta y políticamente contaminada.
La hipótesis es que el resultado electoral no modificará la dirección de la presión estadounidense sobre México, sino la forma en que se ejercerá. Si Donald Trump conserva el Congreso, tendrá mayor capacidad para profundizar la revisión del T-MEC con reglas de origen más estrictas, restricciones a insumos chinos y nuevas condiciones para acceder al mercado estadounidense.
Si pierde la Cámara de Representantes, es probable que recurra con mayor intensidad a instrumentos ejecutivos -aranceles, investigaciones comerciales, sanciones y medidas de seguridad nacional- para mantener capacidad de presión. En ambos casos, el costo económico para México podría aumentar.
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