Carlos Ramírez - El Independiente
Al ser uno de los secretarios de Gobernación más político y astuto, Luis Echeverría Álvarez entendió el mensaje de fondo del movimiento estudiantil-popular del 68: la desarticulación el viejo sistema/régimen/Estado/Constitución como bloque de poder autoritario iba a llegar por el lado del manejo crítico de la información.
No fue difícil para el primer presidente posterior al 68 ejercer el control sobre la televisión que nacía básicamente como un negocio, en tanto que los medios de comunicación escritos habían encontrado un hoyo negro en un aparato de poder que se había fracturado con Díaz Ordaz.
Durante los días agitados del movimiento estudiantil, Echeverría se percató que el periódico Excélsior había sido el único que descubrió el espacio sobre el cual el sistema/régimen no tenía del todo controlado: ejercer la crítica a la estructura presidencialista de poder, pero sin convertirse en oposición partidista.
Julio Scherer García arribó a la dirección de Excélsior semanas antes de iniciarse el conflicto estudiantil, provenía de una vertiente de periodismo crítico, pero no antisistémico y encontró validación en la apertura de espacios editoriales a intelectuales que corrían por el mismo carril: criticar sin romper. Y por ahí transitó aprovechando la distensión legitimadora de Echeverría al ejercer un discurso crítico desde dentro.

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