Maria Amparo Casar - Sonora Presente
Independientemente del partido en el gobierno, a las autoridades mexicanas les cautiva la idea de crear o modificar la Constitución, las leyes y los reglamentos que nos rigen. Como si la mera emisión de una norma pudiese cambiar la realidad y como si su pura publicación conllevara su cumplimiento automático.
Desde luego que los cambios legales son importantes y reflejan, entre muchas otras cosas, el talante autoritario o democrático de un gobierno, su orientación social, su perspectiva sobre los derechos fundamentales, su visión sobre el papel del Estado en la economía o sus prioridades.
Pero también importa la aplicación. Esas mismas autoridades, fanáticas del cambio a través de reformas legales, no son tan entusiastas a la hora de hacerle caso a las normas que ellas mismas promovieron. Mucho menos buscar castigar de manera imparcial a los que las contravienen.
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