- El huachicol fiscal no solo revela contrabando de combustibles; también exhibe fallas aduaneras, corrupción y la fragilidad operativa de Pemex.
María Fernanda Buergo Gómez - El Financiero
Durante años, en México identificamos el huachicol con la perforación clandestina de ductos, el robo de pipas y la venta ilegal de gasolina, diésel o turbosina. Esa modalidad no ha desaparecido, aunque hoy tenga menor presencia en la conversación pública. Lo que ha ganado terreno es otra forma de negocio ilícito: el huachicol fiscal.
La diferencia es importante. En el huachicol tradicional, el combustible es sustraído directamente de instalaciones o transportes de Pemex. En el huachicol fiscal, el producto ingresa al país mediante contrabando: se importan gasolinas o diésel, pero se declaran ante la autoridad como aceites, lubricantes u otros derivados con una carga tributaria menor.
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