Rogelio Mirazo Román - Entorno Politico
El autor es Presidente de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.
Infraestructura, informalidad, inseguridad y la nueva incertidumbre del T-MEC frenan una oportunidad histórica
La economía mexicana atraviesa su cuarto año consecutivo de desaceleración. Tras el rebote pospandémico de 6.3% en 2021, el crecimiento se redujo a 3.7% en 2022, 3.1% en 2023, 1.1% en 2024 y apenas 0.8% en 2025, de acuerdo con la cifra definitiva publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). El panorama reciente ofrece un respiro: la estimación oportuna del propio Instituto para el segundo trimestre de 2026 registró un avance trimestral de 1.5%, el mayor repunte desde finales de 2020, impulsado por el desempeño del sector agropecuario —con un crecimiento anual de 7.3%— y, previsiblemente, por el gasto en servicios asociado a la derrama del Mundial de Futbol 2026¹?. Se trata, no obstante, de un dato preliminar y en parte coyuntural, que no modifica por sí solo la trayectoria estructural de bajo crecimiento. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial coinciden en que la recuperación esperada para el cierre de 2026 será modesta —entre 1.3% y 1.6%, dependiendo del organismo—, muy por debajo del 3% que el país necesitaría para generar empleo formal suficiente y reducir la pobreza a un ritmo significativo. El diagnóstico no es nuevo: México lleva más de dos décadas atrapado en un crecimiento potencial cercano al 2%, insuficiente para aprovechar plenamente el reacomodo de las cadenas de suministro globales conocido como nearshoring.
LOS FRENOS QUE MÉXICO SE IMPONE A SÍ MISMO

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