Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
La roja es, desde hace tiempo, una página cotidiana y obligada de las entregas de los medios de comunicación. Su presencia obligada no obedece, necesariamente, al cultivo nacional del amarillismo, sino a una desafortunada característica de la vida pública mexicana. Secuestros, intervenciones, incautaciones, ¡extracciones!… han pasado a formar parte del paisaje noticioso “normal” al que los mexicanos han tenido que acostumbrarse.
Cuando se prefiere la primacía del enredo sobre el derecho y la política abierta, pública, el retroceso es ostensible: la noticia debería hablarnos de las expresiones de una degradación política que amenaza contagiar todo, de la vida privada al quehacer político más comprometedor, pero no ocurre así. Los gobernantes y quienes aspiran a sucederlos han hecho de la negación práctica preferida, con el consiguiente y corrosivo desprecio en la práctica de todo lo que huela a estado de derecho. Mientras la vida pública sufre de un deterioro implacable y ominoso…Porque lo peor está por venir.

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