domingo, 19 de julio de 2026

El viaje y el viraje

Pascal Beltrán del Río - Sonora Presente

La decisión de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, de asistir a la final del Mundial en el MetLife Stadium, en la zona metropolitana de Nueva York, representa un vuelco político difícil de digerir.

Bajo circunstancias normales, la asistencia de un mandatario a la final del torneo deportivo más grande del planeta –del que su país es coorganizador– no tendría nada de malo; es algo que sucede de manera regular en el futbol y forma parte de la diplomacia global. Sin embargo, el denso entramado de contradicciones retóricas, la renuencia a involucrarse en los grandes temas del concierto internacional –herencia del lopezobradorismo– y el áspero contexto de la relación con Estados Unidos convierten este viaje en un monumento a la incongruencia.

Para dimensionar el viraje, basta recordar las razones que la propia mandataria esgrimió durante semanas en sus conferencias mañaneras para justificar su ausencia en las fases anteriores del torneo, incluida la inauguración en el Estadio Azteca. En un calculado ejercicio de propaganda e imagen pública, Sheinbaum argumentó que su agenda priorizaba la austeridad y el trabajo territorial, rechazando los privilegios tradicionales del poder. En un acto sumamente mediático, decidió regalar su boleto de honor a una joven indígena aficionada al futbol –la veracruzana Yolett Cervantes Cuaquehua fue la ganadora de la dinámica que se llevó cabo para ese efecto–, proyectando la idea de que los palcos VIP y el costo de tales espectáculos no correspondían a los valores de su administración.

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