- Lo que está en manos de México es reducir la incertidumbre por capas: cerrar capítulos uno a uno, quitarle filo a la revisión anual del T-MEC y blindar los sectores más expuestos.
Enrique Quintana - El Financiero
Coordenadas
Contra lo que pudiera parecer, la decisión estadounidense del 1 de julio —de no renovar el T-MEC por 16 años y dejarlo con vigencia hasta 2036, sujeto a revisiones anuales— despejó más dudas de las que abrió.
Se acabó la especulación sobre si el tratado moriría o si habría una extensión limpia: hay tratado vigente, hay calendario y hay mesas de trabajo... y hay revisiones anuales.
La incertidumbre que ese día quedó formalizada no era nueva. Estaba abierta desde hace meses y los actores económicos la tenían asumida. La mejor prueba fue la reacción de los mercados: prácticamente nula.
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