jueves, 16 de julio de 2026

Caso Zambada: los primeros días

Estríctamente Personal

Raymundo Riva Palacio - Expreso

La captura de Ismael "Mayo" Zambada el 25 de julio de hace dos años fue el peor golpe que recibió el presidente Andrés Manuel López Obrador durante su sexenio. El sentimiento en Palacio Nacional era el de una traición de Ken Salazar, el embajador de Estados Unidos, porque no les anticipó lo que venía. El enojo en Palacio Nacional fue tan grande como las precauciones que le sugirieron tomar a López Obrador, porque con el paso de los primeros días los oscuros nexos entre su Presidencia y el Cártel de Sinaloa se fueron corroborando. Aquel episodio es un fantasma que sigue acosando al régimen y arrancándole la iniciativa a la presidenta Claudia Sheinbaum.

Una reconstrucción de aquel momento elaborada por exfuncionarios con acceso privilegiado, muestra la frustración con Salazar, que a diferencia de lo que declaró a Ilia Calderón de N+ Univisión, que López Obrador nunca le tomó la llamada para darle explicaciones, fue él quien se escondió de los mexicanos. Aunque el embajador tenía derecho de picaporte en Palacio Nacional, su enlace permanente era el fiscal general Alejandro Gertz Manero, que tras la captura de Zambada y Joaquín López Guzmán, su ahijado e hijo de Joaquín “Chapo” Guzmán, lo llamó insistentemente.

En las cinco ocasiones que lo hizo, Salazar no le respondió el teléfono, ni devolvió las llamadas. López Obrador bombardeaba a Gertz Manero con preguntas sobre lo que había sucedido, que no podía responder salvo con generalidades, por la falta de información. Poco después pudo aportar el primer dato sustantivo: la captura había sido pactada directamente por los dos con el Gobierno de Estados Unidos, tras acceder a sus términos y condiciones.

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