lunes, 20 de julio de 2026

Instituto de Ideología

Jesús Silva Herzog Márquez - Pulso de San Luis

Una democracia necesita organizar separaciones. Frente al autoritarismo que lo funde todo en un núcleo de poder, la democracia liberal se empeña en separar a las entidades que lo ejercen. Si unos hacen la ley, otros deben administrar y otros juzgar. Si unos tienen el permiso de crear el derecho, son otros quienes se dedican a explorar las ciencias. Si el Estado puede imponer castigos, no decreta la verdad ni controla la memoria. Son esas separaciones las que abren espacio al pluralismo. La ley, la verdad, la belleza, el recuerdo, la ciencia tienen su espacio. Al gobierno no le toca prescribir el arte valioso, decretar la verdad científica o imponer un relato oficial. 

El autoritarismo morenista ha sido una apuesta por la fusión. Esa ha sido el principio esencial del morenismo en el poder. Vaciar todos los poderes en la cubeta del ejecutivo. Disolver las fronteras entre lo partidista y lo estatal. Eliminar los contrapesos para que la voluntad se imponga sin resistencia. Destruir todas las cápsulas de autonomía técnica. Hacer de los medios públicos, altavoces de propaganda. Llenar la diplomacia de cuadros políticos. Hacer de la cancillería otro instrumento de polarizaciones internas. Convertir al ejército en aliado de partido.  Terminar con la carrera judicial y someter a los jueces a la lógica de la representación mayoritaria. Todo corresponde a la misma idea: terminar con las separaciones que forman el esqueleto del pluralismo democrático.  

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