- El estamento eclesiástico consideraba a los prestamistas ladrones de tiempo
- La usura era uno de los pecados más graves que condenaban al infierno

Imagen: Dreamstime.
Patricia C. Serrano - elEconomista.es
Hace varios siglos, los que ahora son considerados los hombres y mujeres más ricos, envidiados y respetados eran carne del infierno. Banqueros como Ana Patricia Botín, Francisco González o Josep Oliu no hubieran podido esquivar una vida después de la muerte rodeados de demonios, ollas ardientes y temperaturas poco elegantes. Sin embargo, en el siglo XIII, la fuerza emergente del capitalismo logró torcer el brazo a la Iglesia y forzarla a inventar un ingenio para salvar a nuestros futuros banqueros del fuego eterno.
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