- La guerra comercial y los controles de capitales frenan el crecimiento y las inversiones en el exterior
La desaceleración de la economía china puede interpretarse como un riesgo para los equilibrios económicos mundiales a medio plazo. En el segundo trimestre de este año ha crecido el 6,2%, una tasa inalcanzable para casi todas las economías del mundo, pero insuficiente para sostener la necesidad interna de sostener un cierto progreso de riqueza en la población. A pesar de que Pekín descarta que esta ralentización sea imputable a la guerra arancelaria con Washington, resulta inútil negar la evidencia. La presión de Estados Unidos ha dañado las exportaciones chinas, está presionando sobre su macroeconomía y, por el momento, Pekín no puede activar respuestas más contundentes. A pesar de que, como es sabido, China atesora un volumen importante de deuda estadounidense.
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