Federico Reyes Heroles - El Siglo cde Torreón
La capacidad para tergiversar es fantástica. El origen está en un principio muy sencillo. Para qué sirve el estado: para garantizar el bienestar de las personas. Por eso no debe desviar sus recursos, léase dineros o energía, en las cosas, en los fierros. Lo primero es la gente.
A partir de la Revolución Soviética y con los llamados nacionalismos, muchos estados se convirtieron en grandes propietarios: siderurgias, discotecas o fábricas de bicicletas (México). Pero esas propiedades los empobrecieron. Propietarios, pero actores muy débiles en su capacidad para atender a las personas. Fábricas de coches, pero hospitales raquíticos, Inglaterra. Por eso apareció lo que hoy es el pandemonio, explicación absoluta de todos nuestros males: el neoliberalismo. Dos personajes Thatcher y Reagan cambiaron la formula. El centro debía ser el bienestar de las personas, no la propiedad o la posesión. No más propiedades que empobrecían a los pueblos.
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