- Es probable que el impulso económico motivado por el desfase presupuestario haya llegado demasiado pronto para ayudar políticamente a Trump
He oído a varias personas insinuar que las elecciones de 2020 serán una especie de prueba: ¿puede un presidente lo bastante horrible perder unas elecciones a pesar de la bonanza de la economía? Y esa es, en efecto, la prueba que pasaríamos si las elecciones fuesen mañana. Por una parte, Donald Trump no pierde ninguna oportunidad de recordarnos lo espantoso que es. Su última incursión en el racismo manifiesto encanta a sus bases, pero repele a todos los demás. Por otra parte, dirige una economía en la que el desempleo es muy bajo y el PIB real creció un 3,2% a lo largo del pasado año. Pero las elecciones no se van a celebrar mañana, sino dentro de 15 agotadores meses. La personalidad de Trump no va a cambiar, a menos que sea a peor, lo cual es posible. Pero la situación de la economía podría ser significativamente diferente.
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