Luis Rubio - El Siglo de Torreón
Cuando el barco Andrea Gail zarpa
del puerto de Gloucester en un acto
desesperado por lograr la última
gran pesca de la temporada, su capitán y
tripulación no tenían ni la menor idea de
lo que les esperaba en lo que acabó siendo
conocido como la “Tormenta Perfecta”:
todos los factores que podían salir mal se
conjuntaron para producir un desastre de
dimensiones inconmensurables. Algo así
podría estarse cocinando en la relación
México-Estados Unidos: quizá nadie lo esté buscando o deseando pero, poco a poco,
se van acumulando elementos que, de no
atenderse, podrían producir el tipo de choque que desde hace más de tres décadas
parecía haberse eliminado del panorama.
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