Oswaldo Zavala
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La polémica ventilada en las redes sociales y en ciertos medios de comunicación en torno a la salida de TV UNAM de Nicolás Alvarado ha revelado con sorprendente transparencia expresiones de clasismo, racismo y homofobia en la clase intelectual mexicana que deben someterse a un análisis crítico. Un reclamo generalizado denunció la semana pasada el rechazo que Alvarado explicitó por la obra musical de Juan Gabriel con base a prejuicios clasistas no exentos de homofobia. En respuesta, algunos escritores, académicos y periodistas intentaron minimizar el efecto de las palabras de Alvarado en contra de un supuesto acto de “corrección política” que colindaría con la censura, mientras que lamentaron que TV UNAM perdiera la oportunidad de contar con el liderazgo de Alvarado para “renovar” su programación. Resulta crucial examinar este debate porque el desafortunado comentario de Alvarado, y quienes han pretendido defenderlo o restarle importancia, reproduce las dimensiones más vergonzantes de la desigualdad y discriminación que proliferan en la vida cultural y laboral del país. La polémica, entonces, va más allá de los prejuicios y la precariedad intelectual de un funcionario público: muestra la perniciosa y sistémica división de clases, el desprecio a la cultura popular y el sentimiento de superioridad que detentan muchas figuras intelectuales en México.
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