José Carlos Díez / El País
Tres años después de la tragedia griega que supuso el inicio de la
crisis del euro, el rescate a Chipre confirma que no hay indicios de vida
inteligente en Europa. Versionando a Einstein, “hay dos cosas que tienden a
infinito; los costes asociados a un corralito con quitas a pequeños
depositantes y la estupidez humana. Y de la primera no estoy seguro”.
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