Rosa Montero / El País
A lo largo de los dos
últimos años he escrito varios artículos hablando de la responsabilidad
colectiva de los españoles en esta crisis. O sea: de la falta de sentido
cívico, de lo bien que nos caen los pícaros, de los fontaneros que ofrecen
facturas con y sin IVA, de las familias endeudándose por encima de sus
posibilidades, de los votantes volviendo a votar a los mangantes como si tal
cosa. En fin, el razonable mea culpa
habitual. Pero esta mañana he tenido una cegadora revelación: todo esto no es
verdad. O, al menos, es una verdad muy relativa.
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